La calificadora PCR Verum anunció la rebaja de la calificación de largo plazo de Consejo de Asistencia al Microemprendedor, S.A. de C.V., SOFIPO (CAME) a ‘C/M’, desde ‘B+/M’, manteniendo la de corto plazo en ‘4/M’. De manera simultánea, ambas calificaciones fueron retiradas a solicitud de la entidad, quedando en “Observación Negativa”.
La medida responde al deterioro sostenido de la posición financiera de CAME, situación que se agudizó tras su fusión con su parte relacionada, “Te Creemos SOFIPO”. Aunque recientemente la entidad recibió una inyección de capital que alivió en parte las pérdidas operativas y los elevados costos crediticios, la calidad de sus activos sigue siendo una preocupación clave. Al cierre de 2024, CAME reportó una pérdida neta no auditada de 427.4 millones de pesos y una cartera vencida ajustada por castigos del 49%, lo que refleja un alto grado de deterioro en su portafolio crediticio y un riesgo significativo en términos de liquidez y continuidad operativa.
Este panorama se agrava con la decisión de la entidad de cesar su relación con las agencias calificadoras. PCR Verum confirmó que no habrá seguimiento futuro, mientras que HR Ratings también retiró sus calificaciones un día antes, el 26 de marzo, dejando a CAME sin evaluación pública por parte de las dos principales calificadoras nacionales. La retirada de las calificaciones en un contexto de pérdidas profundas y activos improductivos genera señales de alerta para el sector, ya que impide al mercado contar con información objetiva sobre la situación financiera de la institución.
La fusión realizada en 2022 con Te Creemos SOFIPO, bajo el paraguas del grupo Te Creemos Holding, implicó la absorción de cartera, patrimonio y pasivos, aumentando la complejidad operativa y el peso financiero sobre CAME. Actualmente, la entidad opera como SOFIPO de Nivel III, enfocada en créditos grupales e individuales en el sector de microfinanzas. Su portafolio bruto asciende a 1,766.8 millones de pesos y su capital contable a 852.9 millones; sin embargo, estas cifras no compensan la fragilidad que muestran sus indicadores clave de desempeño.
En este contexto, la decisión de dejar de participar en el proceso de calificación puede interpretarse como un movimiento defensivo, pero también genera incertidumbre sobre la voluntad de la institución para someterse al escrutinio del mercado. En un sistema financiero que exige cada vez más transparencia y solidez, esta salida del radar de las calificadoras representa un foco rojo para inversionistas, clientes y autoridades.
El riesgo más preocupante es el que recae sobre la confianza. Sin calificaciones actualizadas y con una cartera altamente vencida, la capacidad de CAME para atraer fondeo, refinanciar pasivos y sostener su operación está comprometida. A esto se suma un entorno de alta competencia en el sector de microfinanzas, donde otras entidades muestran mayor disciplina financiera y estabilidad operativa.
Más allá de una coyuntura puntual, lo que hoy se exhibe es una fragilidad estructural que pone en entredicho la viabilidad del modelo de negocio si no se atiende de manera urgente. CAME enfrenta el reto no solo de recuperar su salud financiera, sino también de reconstruir su credibilidad ante el sistema y los mercados. En caso de no hacerlo, el riesgo de una pérdida permanente de confianza podría traducirse en una contracción operativa severa o incluso en una eventual intervención regulatoria.
La salida de las calificadoras no elimina los problemas de fondo. Por el contrario, los vuelve menos visibles, pero no menos graves.